Los 3 Diegos y la Taberna del Papelero

El nombre de la calle Mesones hace alusión a la existencia de varios establecimientos de este tipo que hubo en ella desde siglos atrás. Las primeras referencias que se han encontrado como tal datan de mediados del S. XVIII.

En 1752, el que hoy es el “Bar Miguelin” (Mesones, 2), era un mesón que pertenecía a Pedro Benítez y lo tenía arrendado a Juan de Montes (un vecino de Málaga que se dedicaba a la venta de nieve). También existían dos posadas más pequeñas en lo que son hoy los números 9 y 11 conocidas como “las Posadillas”.

Hacia 1830 las casas que hoy son Mesones, 1, 3 (Hostal Asensio y Casablanca) y parte de Mesones 5 constituían un único inmueble y así continuó hasta 1920.

El primer propietario que se puede rastrear en las fuentes es Ricardo García Guerrero inscrito en la misma para el censo de 1870 de elecciones a diputados a Cortes. Anterior a esa fecha los censos no incluían el número de la calle, así que, solo son suposiciones, pero pudiera haber sido propietario de la misma D. Antonio Anaya de los Riscos, originario de El Burgo (censado en la calle y con bastante poder adquisitivo).

Ricardo García, como hemos dicho, divide en 1920 la casa en lo que serán ahora los números 1 y 3. Desconocemos quienes compraron y/o fueron los propietarios de estos dos lotes hasta antes de la Guerra Civil, época en la que el n° 1 pertenecía a Juan Asencio Jiménez (que vivía en Ceuta y fue el tío de Pepe García, el regente por todos conocido del Hostal Asencio).

A lo largo del siglo XX la calle Mesones va a cambiar 3 veces de nombre. Durante la Segunda República (1931-1937) pasa a denominarse calle Aparicio Vázquez y, posteriormente, cambia a General Queipo de Llano. Finalmente, en 1983, recuperar el nombre de calle Mesones.

En el padrón electoral de 1935 aparece censado en Aparicio Vázquez (Mesones, 1) Manuel Asencio (hermano de Juan) y en Aparicio Vázquez 3, Gertrudis Barroso y sus hijos Gertrudis y Francisco Romero Barroso. Francisco (1882-1936) fue un importante labrador del pueblo durante la República que murió asesinado al principio de la Guerra Civil.

Diego el Vitoriano y Los 3 Diegos

No hay fuentes que clarifiquen quien fue propietario de la familia Romero y cuándo se vendió la finca, pero al principio de los años 40 ya se encuentra que es propiedad de Diego Rodríguez Pérez, alias Diego el Vitoriano. Parece ser que fue una persona muy inteligente y de carácter emprendedor; de extrema influencia en los medios económicos, sociales e incluso religiosos del pueblo, todo ello sin ejercer nunca cargo público. Un prohombre de Yunquera.

Diego instaló en la casa una taberna que fue muy famosa y atraía a todo el vecindario. Tenía dos trabajadores que, casualidades del destino, también se llamaban Diego, por lo que el establecimiento se conoció popularmente como  Los Tres Diegos. En los años de la posguerra había en el salón una mesa de billar, la gran atracción en aquellos momentos, y también se celebraban bailes y festejos en fechas clave del pueblo, como en la Virgen del Rosario.

El actual dormitorio principal de la casa era la salsa de baile y la orquesta se colocaba en el pasillo de ese primer piso.

Algunas personas recuerdan aún, para subrayar el papel que tuvo Diego el Vitoriano en la comunidad, una coplilla que se tarareaba en tono de villancico y en la que se aludía a las capacidades desplegadas por tan singular vecino.

Taberna del Papelero

Diego vendió la casa a finales de los 40 a Francisco Martín Gómez. Francisco tuvo 7 hijos y la mayor era Concepción Martin Ruiz, conocida como Concha y de la que todo el mundo tiene un gratísimo recuerdo. Concha se casa con Rafael Sánchez Toledo, conocido como El Papelero, y se trasladarán a vivir a General Queipo de Llano 3 (actual Mesones) en 1950. Con el tiempo, Francisco deja la casa de herencia a su hija (hecho corroborado por su hermano José María Martín Ruiz, que vive entre Málaga y su casa familiar de Mesones 21).

Rafael y Concha darán vida durante años en el local a la Taberna del Papelero, que se convierte en uno de los centros sociales más importantes del pueblo. “Un hervidero de gente del sexo masculino” entre las 13 y las 15 horas y, sobre todo, desde que el sol se ponía en adelante. Si había que encontrar a alguien entre las 20 y las 24 de la noche, había que ir a la Casa del Papelero. Allí, sin presencia de notario, se hacían multitud de compraventas (animales, tierras, casas, frutos…) que se firmaban bebiendo mosto, famoso vino de la localidad. Allí tenían lugar las despedidas de soltero. Allí se contrataban a los jornaleros para las faenas del día siguiente o cualquier otro tipo de trabajos. Allí escogía Rafael a los peones que trabajaban en sus tierras, en sus viñas o en elaborar el vino que luego vendía en la misma taberna. De aspecto y espíritu bonachón, cuando las voces se alzaban sobre los golpes de las fichas del dominó, Rafael conseguía calmar a los parroquianos enzarzados en riñas y discusiones.

Su esposa fue también una persona muy buena, buenísima, coinciden todos al encontrar un adjetivo para describirla. “Mi Concha es una santa” parece que decía siempre su padre. La gente recuerda que invitaba a buñuelos y roscos fritos (roscos tontos los llaman) en Navidad a cuantos pasaban por la taberna. Cuenta un amigo nuestro que creció con Rafi, la hija de Concha y Rafael, que en las horas mas tranquilas Concha se sentaba en una mesa camilla con su brasero alimentado de cisco o picón, en una estancia a la izquierda de la casa abierta a la calle por una reja.

Rafael será un pionero y el artífice de empujar a Yunquera a subirse al carro de los “Tiempos Modernos” y en 1962, poco después de nacida la TVE, retira el billar del salón principal y coloca un televisor. Bien es cierto, según comentan testigos, que, al principio, entre la mala señal del cable, la altura del aparato y el humo que había en la sala, se hacía un poco difícil oír los comentarios de Matías Prats en las retransmisiones deportivas y taurinas.

La actividad de la taberna continúa hasta 1975 cuando se jubilan los propietarios.

En el 2005, los hijos de Rafael el Papelero (Francisco y Rafaela) venden la casa Rafael del Pino López y a su mujer Blanca vecinos de Torremolinos que la transforman en una casa rural. Estos a su vez la venden en 2018 a Noemi Steuer (†), Jorge Schneider y Rosario Mazuela.

La casa, conservando la estructura y distribución original, fue restaurada incorporando materiales de calidad para facilitar la durabilidad del edificio, manteniendo el ambiente original y a la vez se ha creado un atmosfera moderna y muy confortable en su interior.

Muchas gracias a las personas yunqueranas que estan recuperando la historia del pueblo y que con tanta generosidad comparten sus hallazgos.

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